Otra manera de veranear

Por amor a la naturaleza, por gusto, por tradición o, simplemente, por economía, los campings son un lugar perfecto para pasar unas buenas vacaciones en familia

Dicen todos ellos cuando se les pregunta por qué eligen un camping que ya no saben veranear de otra manera. «Una vez que lo pruebas ya no concibes meterte en un piso o irte a un hotel. Es diferente a lo que haces durante el año y es mucho más sano que cualquier otra manera de veranear», asegura Lini Ortiz, una madre de familia de Álora que lleva viniendo al camping Fuengirola más de quince años, cuando aún era novia del que hoy es su marido.

Tanto sus dos hijos, como ella -y su marido –cuando el trabajo se lo permite– se pasan el verano entero en el camping disfrutando de las vacaciones. No les falta nada. «La tele, el ordenador, cocina, cama, las bicicletas, nos traemos la casa a cuestas», comenta. Como ellos, cientos de personas eligen un camping como lugar de hospedaje para pasar unas agradables vacaciones en nuestra provincia.

Es el caso de Juan González y su familia. Cada año vienen en verano a visitar a su familia que vive en Fuengirola. Procedentes del País Vasco, Juan alquilaba hace años un piso para pasar unos días pero pronto se dio cuenta de que había una solución mejor. «Aquello nos salía carísimo. Un año probé venir al camping y desde entonces todo son ventajas porque no tienes que cuidar de un piso que no es tuyo, vas a tu propio ritmo y, encima, todo es más barato», argumenta.

Al contrario que Lini, Juan viene por apenas dos semanas. El camino que hay que recorrer hasta Málaga es largo e, incluso, como va en autocaravana se lo toma con mucha calma. «El destino es éste. Pero si por el camino vemos algo que nos atrae paramos ahí y hacemos noche si es preciso», dice.

Es la ventaja de la autocaravana. Llevando la casa encima no hay fronteras. Como bien ejemplifica Alain Orchard, un jubilado inglés que viene desde una pequeña localidad cercana a Londres con su autocaravana. Fuengirola es sólo para él una de las muchas paradas en su camino este verano. «Decidí venir aquí porque establecí este camping como base y puedo visitar más lugares del sur de España», explica con prisas ya que, precisamente, estaba apunto de realizar uno de sus viajes.

«Ya he estado en Gibraltar, en Ardales y hoy quiero ir a Ronda», dice. Llegaron hace una semana y aún les queda otra para recorrer más lugares con encanto de Andalucía o de disfrutar de las playas del entorno. Tanto él como su esposa prefieren esta forma de viajar porque «es mucho más relajante y provechoso que meterte en un hotel en una zona donde, además, es todo demasiado turístico. Nosotros nos hacemos nuestro propio plan», afirma Alain.

Ambiente sano

Todos vuelven a coincidir no sólo en la libertad que da veranear en un camping, sino también en el gran ambiente de vecindad y hospitalidad que se respira en ellos. No es raro ver una noche a Lini preparando unas tortillas y al resto de los vecinos completar una mesa y compartir una noche al fresco.

«Casi todos los años solemos venir los mismos y siempre organizamos fiestas algún día, traemos música, los niños juegan y mientras los padres, nos tomamos unas copas», cuenta sonriente. Ella misma ejemplifica el buen ambiente reinante asegurando que «jamás» ha oído nada sobre robos e incidentes entre campistas.

Bartolomé Blanco es el director del camping y corrobora las palabras de la que es una de sus habituales clientas todos los veranos. «Disponemos de vigilantes y cámaras que velan por la seguridad de nuestros huéspedes. Pero el ambiente aquí es tan sano que no creo ni que hiciera falta», asegura.

Juan González, por su parte, hace hincapié en la camaradería que existe entre todos los campistas. «Si tienes alguna duda o inconveniente para montar cualquier cosa, un toldo o lo que sea, en seguida los vecinos o el que pase por la zona se presta ayuda», cuenta.

Él mismo asegura que para los que usan autocaravana, como él, la solidaridad no conoce barreras. «Incluso cuando vas por la carretera y te pierdes o se te rompe algo no dudan en parar su marcha y ayudarte con lo que haga falta», completa.

En el caso de nuestro autocaravanista inglés, como en el de todos los que no tienen el castellano como lengua materna, también forman una especie de comunidad en la que comparten grandes momentos. «No hablo español, pero me siento muy a gusto entre todos mis vecinos y nos ayudamos siempre», comenta.

Fuente original: La Opinión de Málaga.

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